Cómo lanzar un MVP en 12 semanas sin perder la cordura
El MVP no es un producto a medias, es la versión más pequeña de algo que funciona. Te contamos cómo lo hacemos en nuestros proyectos.
El error más común al planificar un MVP es confundir 'poco trabajo' con 'recorte de calidad'. Un MVP bien hecho es la versión mínima de un producto que resuelve un problema real de punta a punta.
La clave está en el alcance: elegir una sola promesa principal y resistir la tentación de agregar features que nadie pidió. Cada pantalla extra que se suma multiplica el riesgo de no llegar a la fecha.
En nuestro proceso dividimos las 12 semanas en tres bloques: descubrimiento y arquitectura, construcción del core, y pulido con feedback de usuarios reales. El deploy empieza en la semana cuatro, no al final.
Si estás por arrancar un MVP, te dejamos la pregunta que más nos funciona: ¿qué es lo mínimo que tiene que hacer el producto para que alguien quiera pagar por él? Responde eso y el resto se ordena solo.